Amarante, la ciudad de los penes, por Ania Hess


Me encanta Portugal, me gusta explorar cada pequeño lugar de este hermoso país. Siempre me sorprende lo diferente que es en comparación con su par de la Península Ibérica, España. Los portugueses no se parecen en nada a los españoles,  sus diferencias son diametrales. Si tuviera que comparar Portugal con otro país… Podría decir que me recuerda más a Italia, sobre todo por su amor por la pastelería. 

Mi viaje por el norte de Portugal comienza en la pequeña pero muy pintoresca ciudad de Amarante. Conocida por sus bellos monumentos y sus inusuales costumbres.

Amarante

San Gonzalo

Amarante tuvo probablemente su origen en los pueblos primitivos que habitaron la sierra de Aboboreira – habitada desde la edad de piedra, con fundadores desconocidos. La primera mención del pueblo dice que originalmente se llamaba Turdetanos y que fue fundado en el 360 ac. La población empezó a adquirir importancia y visibilidad tras la llegada al pueblo de San Gonzalo, un santo nacido en Tagilde, Guimarães, que se estableció aquí tras su peregrinación por Roma y Jerusalén. Llegó a Amarante a vivir de manera solitaria, dedicándose de lleno a la evangelización. Poco a poco, una grave enfermedad fue deteriorando su salud, hasta fallecer el 10 de enero de 1260, de ahí la fecha de celebración del lugar. 

La ciudad se encuentra a poco más de 50 km al este de Oporto. Llama inmediatamente la atención el impresionante río Támega y el puente del siglo XVIII, Ponte de Sao Goncalo – Puente de San Gonzalo. 

Amarante

Se cuenta que el puente lleva el nombre de San Gonzalo porque en 1250, él fue quien ordenó la construcción de un paso entre las dos orillas. Un puente que se derrumbó en el siglo XVIII a causa de las inundaciones, que fue restaurado y, entretanto, ha sido testigo de dramáticos episodios de la historia. Fue aquí donde el ejército portugués resistió al invasor napoleónico, que acabó ocupando e incendiando la ciudad (1809). Allí también tuvo lugar un enfrentamiento decisivo de su guerra civil, 25 años después.

Amarante es una ciudad que, como cualquier otra de la zona, merece ser visitada. Tiene muchos edificios históricos relevantes, pero por sobre todo, se destaca por su peculiar pastelería. 

Amarante

Un bollo con forma de pene

¿Cómo es posible que un pastel con forma de pene se haya convertido en el símbolo e incluso en la mascota de una ciudad católica ultraconservadora? 

Este santo que mencioné antes introdujo una costumbre en la ciudad, que se celebra hasta hoy y que hace sonreír a algunos y avergonzar a otros.

El origen exacto de la tradición está rodeado de misterio, pero se rumorea que San Gonzalo, que ya era considerado en aquella época el patrón de los casamenteros y la fertilidad, solía regalar pasteles con forma de pene a las mujeres solteras para atraer el amor y la fertilidad. Sin embargo, no se sabe si los cocinó él mismo o alguien lo hizo en su nombre. Lo más importante es que la tradición sobrevivió y hasta hoy se mantiene esta costumbre.

Amarante

Las galletas en mayoría se venden el primer sábado y domingo de junio, cuando se celebra la Fiesta de San Gonzalo en uno de los mercados portugueses más coloridos. También es entonces cuando los hombres por tradiciona ofrecen a sus novias estas fálicas galletas. 

La tumba de Gonzalo, al que el Vaticano llama beato y el pueblo elevó a santo, se encuentra en la bonita iglesia del convento – Igreja de São Gonçalo. Este templo se construyó en el emplazamiento de la antigua ermita de San Gonzalo. Junto al altar hay una capilla con su tumba y una estatua suya a la que se le atribuye ser milagrosa. Obviamente, su imagen vive allí y es objeto de especial atención de las solteronas. Según la leyenda cualquier vieja doncella que se acerque a la tumba y tire de una cuerda encontrará a su marido en un año. Otra leyenda dice que hay que tocar la estatua para encontrar un marido, y otra leyenda dice que hay que hacer ambas cosas y recitar un poema específico:

San Gonzalo de Amarante 

Cásate conmigo que puedes 

Ya tengo telarañas 

En lo que sabe….

Los característicos pasteles no sólo se venden durante la fiesta de San Gonzalo. Se pueden encontrar en muchas panaderías de la ciudad durante todo el año. Pueden tener hasta un metro de largo, rellenos de crema o clásicos. Curiosamente, durante la dictadura portuguesa de António de Oliveira Salazar, iniciada en 1926, los pasteles se consideraron obscenos y se prohibió su elaboración. Los habitantes de Amarante, que no querían abandonar la tradición, siguieron creando dulces en secreto e intercambiándolos a puerta cerrada. Cuando la dictadura cayó en 1974 como resultado de la revolución, los bollos volvieron a ser libres de tentar en los puestos de la calle y han permanecido así hasta hoy.

Amarante

Por desgracia, durante mi estancia en Amarante hizo un calor terrible. Cansada de las altas temperaturas y del rastreo de penes, me equipé con dos pasteles. Me senté a la sombra de un árbol en una cafetería justo enfrente de la iglesia y pedí un famoso vino de esta región Minho: el Vinho Verde, un vino joven de aguja «verde». Con mi vino en mano comí 2 de esos bollos, con la esperanza de que la felicidad en el amor no me abandone NUNCA.

 



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