Aventura en el cerro y volcán Colorado


PATAGONIA ARGENTINA 

Amanecí temprano en la habitación de la cabaña, aún estaba oscuro y se escuchaban fuertes vientos y el sonido de las gaviotas proveniente de la zona del puerto de San Martín de los Andes.

Me dirigí hacia el desayunador con el objetivo de preparar mi cuerpo para el desafío que me esperaba: trekking hacia la cumbre del cerro y volcán Colorado, ubicado a 1776 msnm. El desayunador era un lugar cálido con muebles de madera con una hermosa ventana panorámica con vista al Lago Lácar.

Allí me recibió una de las encargadas, una valiente aventurera quien, años atrás decidió patear el tablero y emigrar desde Buenos Aires hacia San Martín de los Andes y cambiar su forma de vida.

Me sentía entusiasmada por el desafío que me esperaba y la idea me dibujaba una enorme sonrisa, mientras la mirada se perdía en la inmensidad del lago.

Pase por la cabaña para buscar la mochila y el abrigo necesarios para la expedición y caminé hacia el punto de encuentro pautado

Inicié el camino con las calles aún dormidas, ausentes de tránsito y gente, y con el mágico regalo de la naturaleza: comenzó a nevar.

Al llegar al punto de encuentro, conocí a los integrantes del equipo, con quienes compartiría la travesía.

Tras presentarnos, nos repartimos en dos vehículos de tracción 4 x 4: la ya había comenzado.

Transitamos ruta adentrándonos en el Parque Nacional Lanín, la ruta nevada y el paisaje de bosque a la derecha del camino y una increíble vista panorámica de la ciudad, que se avistaba a la izquierda del camino.

Nos detuvimos al llegar a la base del cerro para dar inicio al trekking. Al comienzo el sendero se internaba en el corazón de un bosque con cascadas y arroyitos formados por agua de deshielo.

Con todos los sentidos agudizados para no perderme de ningún color, aroma, sonido, textura. Observé cómo los copos de nieve quedaban suspendidos en mi gorrito de fieltro color turquesa.

Me sentí privilegiada siendo parte de ese hermoso paisaje que parecía de libro de cuentos.

El sendero en desnivel se iba complejizando a medida que avanzábamos.

Durante un tramo del sendero, compartí charla con Nicolás, uno de los integrantes del equipo, oriundo de Junin de los Andes. Para Nicolás sería su cuarta cumbre en el cerro Colorado. Me compartió acerca de su predilección por los deportes extremos y de su entrenamiento diario.

Más adelante tuvimos que descender el ritmo de la marcha porque debíamos transitar un tramo del camino cubierto por hielo. El camino se había convertido en una pista de patinaje y nos presentaba el primer desafío a superar.

La camaradería del equipo hizo que todos logremos avanzar hacia el próximo desafío: un tramo del camino cubierto por espesa nieve. En cada pisada la pierna se hundía en la nieve hasta la rodilla.

Requería de mucha fuerza y tonicidad de los grupos musculares cuádriceps y de gemelos y del calzado y vestimenta acordes para dicha travesía. Afortunadamente, el calzado pude alquilarlo en el centro comercial.

Cuando logramos dejar atrás ese tramo dificultoso, comenzamos a observar la cumbre, y el sendero estaba cubierto por una nieve compacta.

La cumbre tiene forma cónica ya que se trata de un volcán inactivo y su nombre hace referencia a la tierra de color rojiza que lo cubre.

En cuanto más nos aproximábamos a la cumbre soplaban fuertes vientos y resultaba difícil mantener el cuerpo en eje y erguido, debido al pronunciado desnivel.

Uno de los integrantes, un poco atemorizado me pidió ayuda y se sostuvo de mi hombro izquierdo, hecho que dificultaba aún más seguir avanzando.

Percibí la falta de aire y traté de focalizar el objetivo que estaba próximo a alcanzar. Seguí avanzando a paso firme y sosteniendo el ritmo, hasta que de repente, cuando parecía que se me agotaba la fuerza, se acercó Facundo, uno de los guías para alentarme diciéndome: «dale que ya llegas a la cumbre».

Martín tenía el desafío de mantener al equipo unido y ascendiendo dentro del mismo ritmo.

Al pisar la cumbre sentí una felicidad enorme. Recuperé el aire

y me hidraté, mientras contemplaba la increíble vista panorámica donde se avistaba el Lago Lácar, el Cerro Chapelco y la Isla de Meliquina. Observé también todo lo recorrido hasta llegar.

Me emocioné al escuchar a Facundo avisando por radio: «Cumbre del Colorado, somos nueve». Nos abrazamos y felicitamos, dejando una pirca y el momento quedó inmortalizado en una fotografía. Fue un gran momento.

Debido a la falta de aire en altura, enseguida emprendimos el descenso, el cual resultó más dificultoso, comparado con el ascenso. Nicolás me brindó apoyo durante el descenso con indicaciones técnicas y también motivacionales.

Rápidamente descendimos hasta la mitad del camino, donde nos detuvimos para descansar y compartir un contundente desayuno con infusión caliente y facturas. Disfrutando del paisaje y de la travesía compartida, les dije que me sentía muy feliz. Se creó un clima muy lindo de camaradería.

Personalmente la experiencia del trekking en la montaña, la vivencio como una analogía de la vida: donde se van presentando dificultades a lo largo del camino y muchas veces hay dudas acerca de la potencia y de la fé en una misma, pero también a su vez, aparecen grandes personas que nos animan a confiar continuar avanzando y nos brindan su apoyo para alcanzar el objetivo y una vez alcanzado sentir la felicidad al observar todo el recorrido,  agradeciendo con una sonrisa y un gran abrazo todo el apoyo.

M. Soledad Campanini,

Ciudad Autónoma de Buenos Aires



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