La Bici es Bella – LATITUD


Por Alex Hohmann, especial para Revista Latitud

Para explicar una historia, suele ser más fácil empezar por el principio y seguir un orden cronológico de los acontecimientos, así hasta llegar al momento presente, a lo que somos en estos momentos.

Escribo estas líneas desde Estambul, ciudad a la que he llegado tras recorrer 5712 km en una bicicleta de 60 kg, exactamente el mismo peso que yo. Juntos sumamos 120 kg de ilusión.

A veces miro a la bici y me pregunto qué estoy haciendo. Y seguramente vosotros os estéis preguntando lo mismo. Esta es mi historia:

En el año 2010 cogí un avión y me fui a India. Estaba pasando por un mal momento y quería tomar distancia de mi propia vida. No se me dan bien los preparativos, me pongo nervioso, así que cuando viajo apenas me informo del lugar que voy a visitar, prefiero descubrirlo con mis propios ojos. Pero la realidad de India me sobrepasó.

en bici por Estambul

Al quinto día estaba llorando en una estación de tren. Quería volver a Barcelona, no podía seguir soportando las escenas que se me han quedado grabadas desde entonces en las retinas.

Gente viviendo en el polvo, niños de 8 años haciendo negocios como adultos, pidiendo dinero, comida, ofreciendo servicios sexuales… 

Yo les daba fruta, galletas, pero me sentía muy mal, no podía seguir como si nada, siendo testigo de tanta injusticia. Quería hacer algo, pero no sabía qué podía hacer. 

Me gustaba viajar y quería seguir haciéndolo, pero no quería ser un simple espectador, quería involucrarme de alguna manera, aportar algo a los demás.

Pasaron los días y seguí pensando en ello. Así llegué a Varanasi y el destino o lo que sea, hizo que me cruzase con dos chicos que pertenecían a una compañía de circo. Estaban en India trabajando y en su tiempo libre salían a la calle para jugar un poco con los niños. Así fue como tomé la decisión de hacer un curso de payaso. Era una idea que desde hacía tiempo rondaba en mi cabeza, pero no sabía muy bien por qué. Ahora lo sabía: haría un curso breve para tener algunas nociones y así dejar el mundo más sonriente a mi paso. 

Dos meses después volví a Barcelona y me apunté a un curso de dos días. Lo que pasó es que me fascinó así que me apunté a otro de 3 semanas y luego a uno de 3 meses y después a uno de 3 años. Descubrí que la risa es un asunto muy serio y que aparte de hacer algo bueno para los demás, también me servía a mi como crecimiento personal. 

en carpa por la ruta

Sin darme cuenta me convertí en un payaso. A partir de entonces, la nariz roja siempre estaba en mi equipaje y poco a poco el payaso fue ganando protagonismo. Actuaba para causas sociales, iba semanalmente a un hospital, luego a una residencia de ancianos, después me fui a Bolivia y Perú con dos proyectos de circo social y de ahí me fui a Palestina con Payasos en Rebeldía, donde actuamos en diferentes lugares, entre ellos Gaza. Esa experiencia marcó mi vida y supe a lo que me quería dedicar: a aportar a los demás. 

Después del viaje a Palestina me fui de Barcelona a Marruecos en bicicleta. Recorrí 4561 km y lloré de alegría al llegar al desierto del Sáhara. Pero de nuevo me invadió la misma sensación que tuve en India, me sentía mal, me encontraba con personas que te daban todo aún sin tener nada y yo ¿yo qué estaba aportando al mundo? Así seguí mi ruta, con ese mal sabor de boca que iba y venía de vez en cuando.

reparando la bici

El final del viaje se acercaba, estaba en Tánger esperando coger un ferry. En esa parte del mundo África y la península ibérico están separados por tan sólo 14 kilómetros. Eso hace que muchos africanos pierdan la vida tratando de llegar a Europa, muchos mueren ahogados en el mismo mar donde otros nadan o hacen surf. Otros también pierden la vida mucho antes de llegar a la costa, en el gran cementerio que es el desierto del Sáhara.

Conforme me acercaba al puerto para coger el ferry, vi a muchos niños y adolescentes medio escondidos, esperando una oportunidad para poder colarse en algún camión y así viajar a España.

Una vez dentro del puerto se me acercó un trabajador curioso y me preguntó de dónde venía. – Vengo de Barcelona – le dije.

No se podía creer que hubiera llegado desde tan lejos en bicicleta. Pagué los 30 euros que costaba el billete y me despedí de Marruecos. – ¡Hasta pronto! –

Durante el viaje en ferry empecé a pensar que quizá podría haber alguna manera de aprovechar mis kilómetros, pensé “Es algo que hago por placer y que otras personas ven como una especie de hazaña, así que quizá podría encontrar la manera de convertir los kilómetros en solidaridad”.

en bici por la ruta

Así nació lo que llamé «La Bici es Bella». Empezó todo de manera muy natural, aprendiendo en el camino como se hace un proyecto, con sus errores y demás. Decidí que iba a ir desde Barcelona hasta Varanasi en bicicleta, que al llegar a Varanasi iba a organizar un festival de circo y además, en fin, iba a convertir cada kilómetro recorrido en euros destinados a diversas causas sociales. 

Lo recaudado en los primeros 1700 km iba a ir destinados a Open Arms, una organización que se dedica a salvar la vida de los refugiados que se están ahogando en el mar. El dinero iba a ser recaudado a través de donaciones particulares. Para esto monté una página web, un perfil en redes sociales y redacté una nota de prensa que envié a varios medios de comunicación. Tenía mil miedos, era la primera vez que tenía mi propio proyecto y el temor a fracasar era grande.

Temía a que la gente no donara, a que me cansara antes de finalizar el viaje, etc. Por otro lado, mi faceta de payaso me había hecho descubrir que a veces es fascinante comprobar que si fracasas no pasa nada. Así que el día 5 de marzo de 2019 me tiré a la piscina y  salí desde Barcelona rumbo a India. Fue increíble porque no sólo no se cumplió ninguno de mis miedos si no que tan solo cinco días después de salir de viaje se había recaudado la mayor parte del dinero y unos días después se superó el objetivo.

Pero todos conocemos lo ocurrido y tan sólo 10 días después de salir, tuve que dar media vuelta y regresar a Barcelona. El Covid había llegado a nuestras vidas.

en bici por la ruta

Solo había pedaleado 430 km y la gente había puesto 1740 euros, faltaba cumplir mi parte del trato. Así fue que improvisé en mi balcón un sistema con dos sillas y una barra de hierro, para poder levantar la bici y poder pedalear durante el lock down. Con esto cumplí mi parte del trato. 

Una vez el lock down fue más permisivo, salí de nuevo en bicicleta. No me parecía buena idea irme muy lejos, así que decidí hacer la vuelta a España y Portugal. Calculé que serían 4500 km (al final fueron 5761) y los dividí en tres partes:

  1. Los primeros 1500 km irían destinados a Arrels fundació, un proyecto que trabaja con personas sin hogar. 
  2. Los siguientes 1500 km irían a parar a Payasos en Rebeldía, que se dedican a llevar la magia del circo y la vulnerabilidad del payaso a los lugares donde la risa es más necesaria. 
  3. Los últimos 1500 km serían para Stop Mare Mortun, un grupo que trabaja para conseguir unas rutas migratorias legales y seguras, para que todo aquel que tenga que huir de su país de origen pueda hacerlo de manera humana. 

en bici por la ruta

En este último trayecto se me ocurrió que si en lugar de ser solo una persona (yo) la que pedaleaba para estas causas, fuéramos varios, tendríamos mayor difusión y en consecuencia más donaciones. Así que convertí a «La Bici es Bella» en una comunidad de ciclo viajeros comprometidos socialmente.

Seríamos varias personas en diferentes lugares del mundo, cada uno realizando su viaje, a su manera, pero con un objetivo común: pedalear 10.000 km para convertirlos en 10.000 euros destinados a «Bicicletas Sin Fronteras» una ONG que se dedica a dotar de bicicletas a las escuelas de Senegal, donde las casas quedan lejos de los colegios y los niños y niñas tienen que caminar hasta dos horas.

Ahora mismo llevamos 6235 euros recaudados gracias a todas las personas que forman o han formado parte de esta historia. Tenemos en la web un letrero informativo con un código QR que te puedes descargar y colgarlo en tu bici o donde quieras. Es un proyecto vivo y abierto que tiene la idea de que cada persona que quiera formar parte de él se convierta en líder del mismo.

De esta manera, además de pedalear para esta causa y difundir de varias maneras el enlace donde se hacen las donaciones, podemos encontrar personas que colabora de otras maneras como es el caso de La Koffecleta. Se trata de una bici cafetería itinerante que a parte de sus ricos cafés ofrece el «café solidario» en donde la gente añade 1 euro más a su pedido y este se destina a nuestro proyecto. Hay más ejemplos de gente que colabora de distintas maneras.

en bici por la ruta

Con la comunidad de «La Bici es Bella» estamos creando algo hermoso, no sólo estamos recibiendo donaciones, sino que también se está generando una familia de personas con un sentimiento de unidad y de compromiso que no había conocido similar hasta ahora. También estamos enviando un importante mensaje al mundo: la suma de pocos muchos puede suponer la diferencia. Para algunos el acceso a una bicicleta para la escuela puede suponer tener también acceso a la universidad y, en consecuencia, a un futuro más digno.

Mientras tanto, he llegado al destino que señalé en el mapa: Estambul, aunque después de cinco meses sigo teniendo ganas de descubrir qué es lo que hay detrás de la siguiente esquina, así que de momento voy a seguir pedaleando.

¡Seguimos! 

 



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