La costa atlántica de Río Negro ofrece playas para descubrir y disfrutar cada verano

Foto Marcelo Ochoa
Foto: Marcelo Ochoa

Desde la desembocadura del río Negro, a unos 30 kilómetros de la ciudad de Viedma, hasta el límite con la provincia de Chubut, se erige la zona costera rionegrina, que ofrece playas con acantilados para descubrir y disfrutar cada verano con múltiples actividades acuáticas, paseos costeros, pesca y gastronomía autóctona.

Las posibilidades inician en El Balneario «El Cóndor», con servicios de alojamientos, cabañas, restaurantes y comercios que disponen de exquisitos vinos regionales y cervezas artesanales locales.

En esta temporada, el municipio local además propone el «Verano Cultural» con la actuación de variados artistas locales y regionales en el nuevo anfiteatro construido en una de las playas de la villa marítima.

Los acantilados se extienden por casi toda la costa, y cada día ofrecen atardeceres con vistas panorámicas que generan una mística muy especial de antemano a las noches con cielos estrellados.

Allí se encuentra el primer faro de la Patagonia argentina, el mirador en honor a Ceferino Namuncurá, uno de los santos más venerados del país, y el Memorial a los caídos en Malvinas, integrado por un mirador con un avión Mirage que fue la nave escuela para pilotos que actuaron en la guerra, un ancla y un camión militar semioruga.

Las distintas actividades que se pueden practicar en esa playa van desde la pesca deportiva cuando crece la marea, vuelo en parapente, windsurf, kitesurf e incluso una nueva actividad, que cuando la marea se encuentra baja y hay viento, comienza a ser furor en las costas argentinas: el carrovelismo.

A 3 kilómetros de El Cóndor se encuentra «El Pescadero» en la desembocadura del río Negro en el Océano Atlántico, un área apta para la pesca embarcada y de costa donde se puede obtener una gran variedad de especies incluso de noche, ya que el lugar cuenta con 300 metros de costa iluminada, un refugio arbolado y fogones.

Más al sur, a unos 16 Kilómetros de El Cóndor se encuentra «El Espigón», una formación rocosa natural que está unida a la costa por dos pequeños puentes que se internan 80 metros mar adentro y ofrecen condiciones incomparables para la práctica de pesca.

Foto Marcelo Ochoa
Foto: Marcelo Ochoa

«Playa Bonita» se encuentra otros 3 kilómetros más allá, es una bajada que atraviesa los acantilados y por cuya abertura se pueden apreciar los distintos estratos sedimentarios, continentales y marinos.

Es un sitio resguardado por altísimos acantilados ideal para disfrutar largas jornadas de juegos en la arena y mar en familia o con amigos.

El «Balneario La Lobería», a 30 kilómetros de El Cóndor, es una playa original con piletones naturales socavados por el mar que se descubren durante la bajamar, y que cuenta con playa de estacionamiento, restaurante, camping, baños y servicio de teléfono semipúblico.

Pasando La Lobería se llega a «Punta Bermeja», una reserva provincial que fue creada en el año 1971 con el objeto de conservar ese sector de la costa en el que se desarrolla la primera colonia de lobos marinos de un pelo de la Patagonia.

Son más de 300 metros de pasarelas con varios balcones que permiten observar a estos animales y a una serie de aves costeras, como la paloma antártica, cormoranes, gaviotines, loros barranqueros, y en ocasiones se pueden observar orcas, ballenas, delfines y elefantes marinos.

La reserva cuenta con un Centro de Interpretación atendido por guardafaunas en donde se exhiben elementos, fotografías y otros recursos que le permiten al visitante conocer la vida de los animales que habitan la costa norte de la Patagonia.

Más allá está «Bahía Rosas», una playa limitada por una franja de médanos bajos de 200 metros de ancho aproximadamente que carece de playas apropiadas para bañistas, pero constituye un sitio frecuentado por pescadores.

A continuación se llega a «Bahía Creek», una zona de costa que comienza a perder altura para dar paso a una bahía bordeada de acantilados más suaves y médanos, donde se encuentran amplias playas y un pequeño asentamiento de casas de fin de semana.

Por el mismo camino costero, que desde allí ya se encuentra sin calzada asfáltica, a unos 100 kilómetros se llega a «Caleta de los Loros», un Área Natural Protegida declarada Reserva Natural de Usos Múltiples.

Es una zona de canales de marea que ocupa la parte central de la caleta, bordeada por playas de arenas y médanos, donde se puede observar la fauna autóctona y practicar buceo.

Avanzando hacia el Sur también se llega a «Punta Mejillón», conocida por los lugareños como «Pozo Salado», una extensa playa de arenas donde reaparece la formación de acantilados con una pequeña colonia de lobos marinos, también hay forestación de tamariscos y algunas viviendas particulares.

El recorrido puede continuar por más de 200 kilómetros sobre la Ruta Nacional 3 hasta la localidad de San Antonio, que en cercanías cuenta con una playa denominada «Punta Perdices», conocida últimamente como el «Caribe Patagónico» por sus imponentes aguas cristalinas mezclada con las tonalidades turquesa y el blanco de su arena.

El poco oleaje convierte a ese sitio en un escenario turístico ideal para practicar actividades como kayak o stand up paddle, aunque también se pueden realizar diferentes paseos náuticos o pesca embarcada.

En las inmediaciones se encuentra el puerto de aguas profundas de San Antonio Oeste, que también cuanta con el servicio de hospedajes particulares y casas de comidas con platos elaborados con productos fresco de mar.

Cerca de allí, «Las Conchillas», de arena dorada y densa que se encuentra cubierta por miles de caracoles, en la que se destacan los tonos blancos, rosas y violáceos que se complementan con el color del agua.

En un sector ubicado a orillas de la ría de San Antonio Oeste se encuentra Punta Verde, una playa agreste y tranquila plagada de arena densa y conchillas que entre sutiles médanos se presta para relajarse mientras se aprecia la naturaleza en estado puro.

Por esa zona, a pocos minutos de las playas de «Las Grutas» yace «Piedras Coloradas», un sitio que invita a reposar entre el sonido del mar y el paisaje de rocas rojizas que se convierten en el elemento ideal para recostarse y contemplar vistas panorámicas inolvidables.

Foto Marcelo Ochoa
Foto: Marcelo Ochoa

Finalmente, por la Ruta Nacional 3 se llega a Sierra Grande, que cuenta con «Playas Doradas», a la que se accede utilizando el camino de la Ruta 3 y luego un desvío desde Sierra Grande hacia la Ruta Provincial Nº 5, con rumbo Este.

Es una extensa costa de 3000 metros de longitud que permite la pesca de variedades como el pejerrey, róbalos, lenguados, lisas, meros, caballas, besugos, salmones y hasta tiburón.

Además, en los extremos de estas playas existen formaciones rocosas que dan al turista la posibilidad de observar erizos, pulpos y estrellas de mar.

En verano, a la natación, el canotaje, la navegación a vela y el windsurf se une el buceo, ya que esas aguas proporcionan una visibilidad de hasta 20 metros que permite disfrutar de la rica flora y fauna submarina.

El desarrollo de la villa turística en los últimos años ha convertido a «Playas Doradas» en un lugar preparado para recibir a los visitantes, con oferta hotelera, camping, casas de alquiler, restaurantes y especialistas en actividades náuticas.

En toda la Costa Atlántica rionegrina, en verano predominan las brisas marinas, el clima habitual es seco, con escasa nubosidad y la temperatura promedio en esta temporada es de 20º grados, con picos máximos de 39°.



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