La Isla del Sol – Paraíso y Desconexión 


La Isla del Sol – Paraíso y Desconexión

Por Bruno Delmoro especial para revista Latitud 

Ubicada a 150 km de La Paz Bolivia se encuentra Copacabana, una pequeña ciudad muy conocida. Es la principal localidad ribereña del desmesurado Lago Titicaca. El punto de interés de este artículo no es esta ciudad en cuestión, sino que es una conexión forzosa para llegar a la inimaginable Isla del Sol.

De esta famosa isla subyace el mayor problema de cada turista que pone un pie en el muelle de Copacabana “¿Que lado de la Isla?”. 

La Isla del Sol

En resumen esta consta de 3 zonas (solo 2 habitables). La zona sur, perteneciente a la comunidad Yumani y la zona norte habitada por la comunidad Challapampa. La gran diferencia entre estos dos bandos es la forma de vida que se puede llevar. En la parte Sur podemos encontrar hoteles descomunales, restaurantes, una infraestructura realmente desmedida. En contraste, la parte Norte carece de electricidad y gas. A mi parecer está última tiene una hermosa forma de vida por eso pido que al elegir ignoren las malas lenguas acerca de la parte Norte de la Isla. Busquen a una persona perteneciente a la comunidad Challapampa, para poder conocer ese hermoso poblado.

La Isla del Sol

Al bajarme del barco en la parte Norte, quedó simplemente atónito, la simpleza combinada con la belleza eran una mezcla evidente y perfecta. Sospecho que la amabilidad de la gente brota de la poca concurrencia de turistas. Desde cholas invitándote amablemente a pasar a su casa, hasta decenas de niños corriendo al lado tuyo haciéndote preguntas interminables o invitándote a jugar al lago. 

Como primera caminata obligatoria sugiero subir al pico más alto de la Isla a observar e intentar comprender en la inmensidad que te encuentras 

Eramos 7 argentinos y una alemana acampando en la playa y como retrató en nuestro fondo el inmenso Lago Titicaca que por momentos simula ser un mar paradisíaco que te invita a empaparte hasta el anochecer. 

La Isla del Sol

De las coloniales y pacíficas calles del pueblito se desprenden un hombre y un niño, ambos colombianos, padre e hijo que viajaban por el mundo aprendiendo de eso. El chico aparentaba poco más de 10 años. Al unísono empezamos a idear el fogón nocturno, puesto que sin electricidad ni gas, la leña y por ende la luz son sustanciales, así como las guitarras y las charlas de cada noche viajera.

Para los amantes del “mar”, este es el lago navegable más alto del mundo, con unos 3812 m.s.n.m de media y abarcando unos unos 8300 km cuadrados. Debido a la altura la calidez del día es inminente. A partir de las 9am hasta las 7pm, el sol pega tan fuerte que  genera unas ganas de meterse al lago que son imposibles de ignorar.

Este es uno de tantos (por fortuna) lugares que me provocó una sensación de admiración y me logró apaciguar por días, debido a que venía de un trayecto movido. La idea central del día es estar sentado en la arena admirando el Lago, compartiendo unos mates tanto con viajeros como con gente originaria y escuchando infinidad de historias que tendrán un lugar en algún resquicio de mi memoria.

La Isla del Sol

La actividad central del poblado es ir a la montaña a buscar leña y tratar de plantar árboles , debido a que estos son la materia prima principal y fundamental para ellos, usados como luz, cocina, calefacción y algunas otras cosas. El ganado es muy reducido, es común encontrar cerdos y vacas paseando muy tranquilos por las calles. No se nota tanto un sentimiento de posesión debido a que la leche obtenida de las vacas muchas veces se comparte, por dar un ejemplo.

 Como para cerrar el artículo recomiendo sin dudas el lado Norte de la Isla, tanto como para admirar el encanto que esta genera y como para sacarse ese chip de viaje alborotado y apostar por la relajación. Salir un poco de esa zona de confort que está constituida por una cocina, una cama, la luz o el baño.

Y como mejor parte de cada día, entender que a veces está bueno centrar nuestro ímpetu en entender con quien compartimos nuestros caminos, percibir cosas de nuestros compañeros o viajeros que van llegando. Lo mejor de cada mañana, tarde y noche simplemente es compartir lo “poco” que tenemos, hablando en cuanto a lo material, tangible y fáctico. Digo así porque en mi mente era mucho, bastaba con estar ahí, con los ojos brillando de la admiración y rodeado de esa gente tan abstractamente rica.

Bruno.





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