MORRO DE SÃO PAULO – LATITUD


MORRO DE SÃO PAULO

Por Raul Quiñonez especial para Revista Latitud

Los faros han sido siempre un ancla de inspiración para cualquier viajero. Esa construcción cilíndrica nos indica la proximidad de la costa para los barcos pero también, en algunos casos, son símbolos emblemáticos desde donde se inspiran versos y trovas.  

La Bahía de Todos los Santos, en el Estado de Bahía, nos regala por partida doble, dos de estas estructuras. Una muy icónica, el Farol da Barra, en la ciudad misma de Salvador. Y el otro, menos pretencioso en el extremo norte de la Isla de Tinharé, en la punta del Morro de Sao Paulo.

Esta villa, ubicada a dos horas de Salvador en Catamarán fue el destino escogido en esta oportunidad. Y como siempre, todo comienza con el mismo viaje. Es que el rugir de los motores de la nave marítima, el desamarre del pontón y el lento alejamiento de la costa, nos permite una vista maravillosa de Salvador, con sus edificios altos, su zona baja y alta y el icónico elevador Lacerda, como testigo del hasta pronto. 

MORRO DE SÃO PAULO

Morro de Sao Paulo no tiene autos, ni caminos pavimentados, por lo que solo se puede llegar en avión o en catamarán. Existen transfers directos desde el aeropuerto de Salvador a Morro de São Paulo. Los catamaranes tienen una frecuencia de dos por día y salen frente mismo al Mercado Modelo, en la zona baja de Salvador. El viaje de dos horas, es la formas más usada y fácil de llegar. Existe otra que es en bus, hasta Valenca y de ahí en barco hasta Morro, pero demora mas y hay que hacer trasbordo

Esta era mi segunda vez en Morro, volvía después de 10 años y aunque sigue siendo maravillosa la naturaleza y el paisaje que rodea a la villa, ha cambiado mucho. Vamos por parte.

No todos los días uno anda en alta mar en catamarán, por lo que este viaje de dos horas es el presagio de momentos inolvidables por venir. El oleaje a mar abierto y la posibilidad de estar en cubierta bajo el intenso sol bahiano, es de por sí encantador. Así que bronceador y abundante agua facilitan el traslado. Conviene siempre estar hidratado, pero conviene más usar bronceador para apreciar luego la mutación del color de nuestra epidermis. Vaya que lo queremos, con lo narcisista que andan estos tiempos!!

MORRO DE SÃO PAULO

A medida que uno se va acercando lo primero que se divisa es el faro blanco, de un blanco intenso determinado por el movimiento del sol a lo largo del día; y a medida que uno se acerca, el Morro hace presencia. Existe un pequeño muelle, que sirve de puerto tanto para los catamaranes que vienen de Salvador, como a los pequeños barco-taxi que te llevan a visitar otras playas de la isla.  

Es en la llegada misma, con todos los viajeros bajando con sus maletas y mochilas cuando se percibe ese sentido de inconsciente colectivo por el que todos llegamos a Morro de Sao Paulo. Buscamos mar, arena, naturaleza y porque no vida nocturna, todo junto en la misma playa. Solo chinelas, remeras y shorts serán nuestra etiqueta elegida, pues la arena, y el mar, nos acompañarán en todo momento. La belleza de la isla es tal, que hasta el mismo emperador Pedro II, la visitó en varias ocasiones.

La Villa es pequeña, con no más de 7.000 habitantes, que hacen de la misma un lugar tranquilo y apacible, ideal para descansar y relajarse. Las playas de la Villa está divididas por números subsecuentes. Y así, a la primera playa, le siguen la segunda, la tercera y la cuarta, esta última, también llamada do Encanto. Sobre la línea de playa se ubican todos los lugares de esparcimiento, ocio, comidas y posadas y hoteles. 

MORRO DE SÃO PAULO

En la primera oportunidad cuando estuve, era todo más sencillo y menos organizado. Hoy las cosas han cambiado y se ha vuelto mucho más comercial y turístico. Pese a las restricciones por COVID19 y a que noviembre no era el mes turístico por excelencia, podía percibirse que había muchos turistas. La diferencia radicaba en que casi el 100% de los turistas eran brasileños. Esta vez, Morro nos era esquivo con las diferentes lenguas, ya que normalmente muchos europeos la visitan.

El eje sobre donde gira todo es la Segunda Playa. Ahí están los lugares de música en vivo que desde el mediodía y hasta adentrada la noche se suceden de bar en bar. Igualmente hay shows y performances, por lo que aburrirse será imposible. La Segunda Playa, no es grande y tiene la ventaja que un arrecife y rocas la rodean como a 100 metros de la costa. Así, las olas rompen lejos de la costa y llegan tan suaves, que es posible estar sentado en el agua. Es una playa ideal para quienes viajan con niños. Además, el agua es super transparente y se ven peces pequeños que zigzagueantes se escapan a cada paso que damos. 

Para quienes buscan más tranquilidad y sosiego, está la Cuarta playa, donde la oferta hotelera es menor, los bares no abundan tanto como las otras y la playa es mucho más larga y el mar más bravío. Algunos resorts de porte más grande se ubican en esta playa y según comentarios sin confirmar, tienen servicio all inclusive. 

La variedad de excursiones y paseos ofrecidos demandan planificar bien qué queremos ver o hacer. Hay tirolesa desde la punta del Morro, donde cualquiera que busque adrenalina terminará en las aguas de la Primera Playa. Se puede optar por paseos a caballo, viajes en lanchas, todo siempre en la zona de la Villa. En este marco, los bares de música chill out para ver los atardeceres son recomendables. Existen dos bares. Uno de ellos ofrece servicios de lanchas incluidas y sin costo. En tanto que el otro está en una de las laderas del Morro. Si bien la infraestructura no era muy buena, presumo que era por las restricciones de la pandemia. Una de las actividades recomendables es apreciar el atardecer, con buena música, piscina y rodeado de una exuberante y bien conservada vegetación.

MORRO DE SÃO PAULO

Para quienes quieran aventurarse más, hay excursiones para recorrer la isla. Son de día entero o si lo prefieren de medio día. Algunas son tracking de más de 10 kilómetros atravesando pura mata atlántica, la playa de Guarapua, totalmente desierta, salvo algunas barracas, para aprovisionarse de agua, ya que el calor es intenso. Lo bueno es que el agua es un poco más templada y más clara. Igualmente, existen excursiones en pequeños barcos, para visitar las piscinas naturales de Moreré y Boipeba. Las cuales están más alejadas. En estos paseos se puede bucear y comer pescado super fresco, ya que aldeas de pescadores acompañan el tour. Si los lectores de este artículo aman las playas, no pueden dejar de visitar estos atractivos naturales. Existen también excursiones para observación de ballenas, pero solo entre los meses de julio y septiembre, que es cuando vienen a las aguas cálidas a procrear. Es uno de mis pending issue. Será la próxima? Ojalá así sea. 

Importante mencionar que todas las excursiones salen de la Tercera Playa y que muchas veces dependen de la marea, por lo que conviene concertar con anticipación.

Cuando visité por primera vez Morro, la experiencia de las fiestas en la noche, en plena playa y al son de buena y ruidosa música brasileña y electrónica era el momento culminante del día. Hoy eso ya no existe como tal. No es que haya desaparecido la vida nocturna, solo que ahora se hacen en ciertos lugares, donde tienen costo y no siempre son en la playa misma. Es cuestión de asesorarse.

Finalmente, mencionar que lugares para comer hay para todos los gustos y precios. En una visita a Bahía, no puede estar ausente la Moqueca de Camarón, comida típica cocinada con aceite de dende, y leche de coco. Generalmente llega a la mesa en grandes recipientes, por lo que es una comida recomendable para dos o más personas. Una delicia. 

MORRO DE SÃO PAULO

Y volviendo a la naturaleza, esta vez me tocó luna llena en la última noche. Una verdadera pasada. El brillo de la luna reflejado en el mar desde el infinito hasta la suave y sonora llegada del agua en mis pies. Esa noche, recordé que había escuchado ya antes que la naturaleza nos regala tres sonidos, el del viento, la lluvia y el oleaje. Esa pasión irresistible por el agua de mar rompiendo en la costa, es la recarga de energía que hace nuestra vida más llevadera, aún en estos atribulados tiempos que nos toca vivir.





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