Nueva Zelanda, Fiordland, por Viajo como Quiero


Nueva Zelanda: Fiordland N.P por los pelos

Todo el mundo tiene unos destinos que siempre están en el top de su lista y que, bien por distancia, precio de los billetes, o demás imponderantes los ve como inalcanzables. Los míos eran Australia y Nueva Zelanda y afortunadamente puedo tachar a ambos de mi lista. Australia fue el primer destino que visité cuando salí de Europa y Nueva Zelanda fue el último viaje que hicimos antes de que empezara este mal sueño en el que aún seguimos. 

Nueva Zelanda

En este artículo quisiera hablaros solo del segundo, un destino que me marcó muy profundamente. No era mi mejor año personalmente hablando. La ansiedad había llegado a mi vida y convivir con ella estaba siendo más duro de lo que pensaba. Pero bueno, a lo que vamos… Cuando uno piensa en Nueva Zelanda muchas imágenes vienen a su cabeza: lagos, verdes bosques, altas cordilleras, cascadas, playas solitarias y como no, los famosos fiordos de Mildford Sound, en Fiordland National Park. Para los que no los conozcan es como ir a Roma y pensar en el Coliseo, es el lugar imprescindible y característico de Nueva Zelanda. 

Pues bien, después de 10 días recorriendo el país en coche, cuando llegábamos a Te Anau, en la Isla Sur, empezamos a ver carteles luminosos que indicaban que actualmente la única carretera de acceso estaba cortada debido a una avalancha de nieve y rocas. No nos lo podíamos creer, no podía estar pasando… ¿Después de un viaje de 24 horas en avión desde España nos íbamos a ir de Nueva Zelanda sin conocer esta maravilla de la naturaleza?

Nueva Zelanda

Llamamos a varios puntos de información para asegurarnos de que habíamos entendido bien el aviso y la respuesta fue que sí, que la carretera estaba cortada y que la única esperanza que había era que durante la noche consiguieran liberar el acceso. Esa noche nos fuimos a dormir pensando; mientras haya esperanza hay posibilidades, así que ¡mañana nosotros vamos a Fiordland!

A la mañana siguiente, nada más despertar, volvimos a llamar al punto de información y nos dijeron que ¡la carretera estaba abierta! Nos abrazamos de alegría y respiramos aliviados, finalmente podríamos cumplir otro sueño.

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Este día fue espectacular, el paisaje único… Cierro los ojos y puedo trasladarme a cuando estábamos recorriendo los fiordos en barco. Recuerdo las inmensas montañas nevadas, con cascadas deslizándose sobre ellas nos rodeaban, cuando la niebla tapaba los picos más altos de los fiordos. También cuando empezaron a caer finas gotas sobre nosotros y nos daba igual porque era el clima ideal para ese momento… Fue un día único y un regalo de Dios. Al día siguiente la carretera volvió a quedar cortada y unos días más tarde una avalancha más fuerte, unida a unas riadas, destrozó la carretera dejando el acceso cortado por unos cuantos meses… Esto fue algo más que suerte…

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