Oporto, la ciudad de los puentes, por Ania Hess


Por Ania Hess, especial para Revista Latitud

La primera vez que visité Oporto fue hace unos 15 años atrás, en un típico viaje de negocios. En esa ocasión no tuve demasiado tiempo para explorar la ciudad, pero sí conseguí visitar el centro. Tuve la suerte también de poder saborear el famoso vino de Oporto, sentada en el puerto con vistas al maravilloso aunque amenazante océano atlántico.

En ese momento me enamoré de Oporto y quise volver allí lo antes posible, algo que no he podido conseguir hasta junio de este año. Después de 15 años de aquel viaje por fin pude volver a caminar por las calles de esta hermosa ciudad. Se dice que Oporto es el lugar menos turístico de Europa Occidental, pero si te gusta la cultura vibrante, las playas tranquilas, la belleza natural y el sentido del romance, seguro te hará enamorarte. 

 

De Portus Cale por Burtughal a Oporto

Oporto es una ciudad con una rica historia. Ha pasado de ser un pequeño pueblo de pescadores a convertirse en la capital vinícola y cultural del norte de Portugal. Su origen más antiguo se remonta a la época romana del siglo I a.c. Si bien algunas excavaciones arqueológicas muestran restos de civilizaciones celtas anteriores no fue hasta la época romana que la ciudad tuvo un importante papel como centro comercial entre Braga y Lisboa.

En aquella época era conocida como Cale o Portus Cale (literalmente significa puerto de Cale) y estaba situada a ambos lados del río Duero. Entre el 410 y el 584 d.C., la región fue conquistada por las tribus germánicas de los suevos, que hicieron de la ciudad de Braga su capital. Luego de los suevos, la región fue tomada por los visigodos hasta que en el 711 la Península Ibérica fue invadida por los moros, historia similar a la de el resto de la península. Fue durante ese periodo árabe cuando la ciudad pasó a llamarse Burtughal.

En el año 868, Vímara Peres, cuya estatua puede verse junto a la Catedral de Se y que era vasallo del rey Alfonso III fue enviado a reconquistar la zona. Ese mismo año, Vímara Peres establece el Condado de Portucale que se extiende desde el río Duero hacia el norte. 

En 1093, la condesa Teresa, hija del Rey Alfonso VI de León, y de Ximena Moniz, se casó con Enrique de Borgoña y trajo como dote el Condado de Portucale, que sentó las bases del país independiente de Portugal. El hijo de la condesa Teresa, Afonso Henriques, se convirtió en el primer rey de Portugal, continuando la reconquista de estas tierras

En el siglo XIII, el intercambio con diversos centros comerciales de toda Europa se desarrolló cada vez más en Oporto. En esa época se comerciaba, entre otras cosas, frutos secos y aceitunas.

En el siglo XV, la vida de Oporto se concentraba principalmente dentro de las Muralha Fernandina, las murallas de la ciudad, que cerraban el laberinto de calles del centro. En este siglo en la ciudad se desarrolla no sólo el comercio, sino también la industria asociada a la producción de barcos y la organización de las primeras expediciones marítimas. Esta época también está asociada a una interesante historia, que hizo que los habitantes de Oporto fueran llamados a veces en broma «tripeiros», que significa «los cometripas» . ¿Por qué los ¨tripeiros¨? Todo está relacionado con la expedición de Enrique el Navegante para conquistar Ceuta en 1415.

La comunidad local de Oporto preparó la expedición suministrando, entre otras cosas, toda la carne que tenía. Los ciudadanos sólo dejaron los callos para ellos. Fue entonces cuando nació supuestamente uno de los platos regionales más populares, que incluye simplemente esto, los callos. Desde entonces, a los habitantes de Oporto en todo Portugal también se les llama ¨tripeiros¨.

En 1717 en Oporto comenzaron a establecerse las primeras empresas inglesas asociadas al vino Porto, y así comenzó el comercio de este tipo de vino. Esto fue impulsado por el Tratado de Methuen firmado entre Inglaterra y Portugal en 1703.

El siglo XIX Oporto tuvo un periodo de cambios turbulentos y giros históricos, como en todo Portugal. En 1809 las tropas francesas de Napoleón Bonaparte capturaron la ciudad. El 29 de marzo de 1809, más de 6.000 personas que huían de los franceses murieron en el río Duero al derrumbarse el puente de las Barcas.

En 1996, el centro histórico de Oporto fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Y en 2010, 2014 y 2017 Oporto fue elegida mejor destino turístico de Europa por la Agencia de Mejores Destinos Europeos (Best European Destinations Agency).

Saudade, comida y fútbol

Los portugueses suelen considerarse melancólicos, reflexivos y emocionalmente diferentes a sus vecinos españoles. Esto es resultado de la saudade, que tal vez esté arraigada en el carácter de los habitantes del país. Si, saudade… es una palabra muy característica del idioma portugués, su traducción se asemeja a melancolía, añoranza o vacío profundo… Así son los portugueses – melancólicos bañados en su saudade.

Otra cosa que caracteriza a los habitantes de esa ciudad es que nunca tienen prisa. Bueno, quizás a veces para coger un avión, pero eso también sin exagerar. Viven lentamente, a su propio ritmo. Aquí en Oporto no encontrarás el ajetreo de un bar italiano o español. Los portugueses son mucho menos ruidosos y te sirven café cuando a ellos les quede bien. Incluso si eres el único cliente en el bar, puedes obtener tu café después de 10 o 15 minutos, todo depende de la voluntad del camarero.

Tampoco son muy extrovertidos en su personalidad, no son muy abiertos al otro. Se podría decir que en el trato con el turista  son un poco distantes, pero serviciales. Cuando les preguntes por el camino, no sólo intentarán explicártelo a fondo, sino que a menudo te acompañarán hasta el destino para que no te pierdas en las estrechas calles. 

Jóvenes y mayores, chicas y chicos, mujeres y hombres… Aquí el fútbol no conoce fronteras. En Portugal, incluso se pueden ver partidos en los monitores de los aeropuertos. ¿Vas a visitar a alguien? Probablemente la televisión estará encendida de fondo con entrevistas de fútbol. ¿Vas a tomar un café? Puedes ponerte al día de los últimos partidos en tu bar local.

El fútbol es sin duda el deporte nacional de los portugueses. Las disputas familiares no tienen nada que ver con la política o la religión, sino con el club de fútbol más justiciero o tal vez sobre una decisión injusta del árbitro en el último partido. 

¿Qué más caracteriza a los portugueses? El café, o más bien el cafezinho, es el verdadero amor de los portugueses. Beben un espresso fuerte desde la mañana hasta la noche, incluso después de las 11 de la noche.

El Cafezinho es diminuto, una especie de shot que se puede beber de un trago. 

A los Portugueses les gusta mucho también hablar de comida. 

A veces parece que los portugueses viven para comer. Les encanta discutir sobre el mejor restaurante de la zona, la salinidad del bacalao en el almuerzo, la planificación de las comidas del día siguiente o sobre qué restaurante famoso visitar durante las vacaciones. 

El eterno tema de discusión social es la pregunta: ¿Onde pode comer bem? Sin embargo, comer bien no significa que sea extremadamente sabroso. Si un portugués quiere comer bien, debe, en primer lugar comer mucho y al mismo tiempo sabroso… y preferiblemente barato. Como ya sabemos, la comida es muy importante para los habitantes de Oporto. ¿Cuáles son los platos más populares de esta región?

Sin duda, el plato estrella de la ciudad es el sándwich francesinha, llamado de varias maneras: el sándwich más masculino del mundo o la pesadilla de los cardiólogos. oficialmente su nombre significa algo como ‘chica francesa’ aunque sea originario de Oporto. Es uno de los más característicos del norte de Portugal, siempre incluido en el top 3 de los platos que hay que probar cuando se está en Oporto.

Yo la probé, de hecho conseguí comerme la mitad… No pude más… ¿que trae? Un poco de todo, pan, jamón, salchichas, queso, carne y todo esto coronado con salsa de tomate y cerveza. Todo servido con patatas fritas y un huevo frito por encima del pan. Al no estar acostumbrada a esa dieta, la pequeña francesa me hizo enfermar durante los días siguientes.

Me gustaban mucho más las sardinas en aceite, que se pueden comprar en las tiendas especiales. Es muy popular la venta de sardinas en tiendas que más bien parecen jugueterías que pescaderias. 

También me gustaron las típicas croquetas de Oporto llamadas Pastéis de Bacalhau, servidas con una copa de vino de Oporto. Las enormes y gruesas croquetas, elaboradas con patatas y bacalao ante los ojos de los compradores, son una deliciosa curiosidad culinaria de la ciudad. Se sirven en bandejas especiales, lo que también es un gran atractivo turístico.

En general, la cocina de Oporto es mucho más pesada que la de España. 

La encantadora ciudad de las mil caras

El hito arquitectónico de la ciudad es el puente de acero de dos pisos Ponte Don Luis I, construido en el siglo XIX. En el momento de su construcción, era el puente más largo del mundo en su categoría. El puente fue diseñado por el ingeniero Teófilo Seyrig, alumno de Gustav Eiffel. Está estructura, inaugurada en 1886, conecta Oporto con Vila Nova de Gaia. En base a esto cabe mencionar a Oporto se la conoce como la ciudad de los puentes, porque hay 6 de ellos en toda su longitud.

El corazón de Oporto es el antiguo barrio de la Ribeira, aquí encontramos sus monumentos más valiosos. Dejando de lado el encanto propio del barrio, aquí se encuentran entre otros el puente Luis, la catedral, numerosas iglesias, restaurantes y cafeterías. Esta zona es pequeña y se puede explorar fácilmente a pie. Me metí en calles estrechas y empedradas que descendían gradualmente hacia el río. A lo largo del camino, pasé por pequeñas cafeterías donde los lugareños, a la manera habitual, tomaban su pequeño café espresso matutino, endulzando sus vidas con pasteles. Por encima de sus cabezas volaba la ropa secándose en cuerdas. Esta situación que en otras regiones de Europa sería ofensivo, aquí forma parte del folclore.

En una de las colinas que dominan Oporto se alza la Sé Catedral, construida en el siglo XII y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Es uno de los edificios más antiguos de la ciudad. El templo, construido originalmente en estilo románico, sufrió en los siglos posteriores sucesivas reconstrucciones.

El interior de la catedral es austero, como es típico de los edificios sacrales de la época, pero el altar, los frescos y las capillas, están ricamente decorados no dejando lugar a dudas de que el dinero fluía aquí a raudales. La entrada general es gratuita, pero no la capilla y el patio, cuyas paredes del claustro están revestidas de azulejos azules y blancos, característicos de la ciudad. Cabe destacar que la colina en la que se encuentra la Sé Catedral es también un excelente mirador sobre la ciudad.

Otros lugares que merecen la pena son la Iglesia de San Francisco, que aunque ya no se utilice como iglesia, su museo y catacumbas están abiertas al público. 

El Miradouro de Vitoria también es una visita obligada. Desde aquí se puede ver la Sé Catedral, el Puente de Luis y el río Duero. También hay que visitar el museo Casa do Infante. En este edificio, según una historia que se repite de boca en boca, nació Enrique el Navegante, un gran visionario que dejó una enorme huella en la historia del país y del mundo.

Por supuesto, el corazón de Oporto es el antiguo barrio de la Ribeira, pero numerosos tesoros esconden también los barrios de fuera de las antiguas murallas medievales. Entre otras cosas que ver aquí está la Torre de los Clérigos que es una hermosa torre barroca construida en la primera mitad del siglo XVIII en la iglesia del mismo nombre (Igreja dos Clérigos) y hoy uno de los edificios más reconocibles de Oporto, un símbolo de la ciudad. ¿Qué lo hace tan especial? Además de sus cualidades arquitectónicas, es, sobre todo, perfectamente visible desde muchos puntos de la ciudad, convirtiéndose en un excelente punto de referencia.

Una joya absoluta, especialmente para los fans de Harry Potter, es la librería Lello, situada cerca de la torre. La Livraria Lello es una de las más antiguas de Portugal y probablemente una de las más famosas del mundo. Se fundó en 1906 en un pequeño edificio de una planta. Desde el principio, el negocio ha sido llevado por una misma familia.

La librería, gracias a sus elegantes interiores, es completamente diferente a las que nos encontramos todos los días, tiene algo único en sí misma. Se dice que J. K. Rowling, que vivía en Oporto donde daba clases de inglés, se inspiró en el interior de la librería Lello, especialmente en la escalera, para crear el mágico Hogwarts de los libros de Harry Potter. 

Los interiores son de madera y de yeso, y la escalera que lleva al primer piso es magnífica. Es un lugar de visita obligatoria para cualquier amante de los libros. Debido a la cantidad de personas que quieren visitar este lugar, es necesario comprar un bono por unos pocos euros, que se vende delante del edificio o en la página web y utilizar para comprar libros, no sólo en portugués. 

Tras el mágico ambiente de la librería, decidí ir a la estación de tren de Sao Bento, famosa por sus extraordinarias pinturas de azulejos creadas a principios del siglo XX, para las que se utilizaron hasta 20.000 elementos. Las pinturas de azulejos de la estación representan paisajes portugueses, la vida cotidiana y grandes acontecimientos de la historia portuguesa, como famosas batallas y conquistas.

Seguro más de una vez, mientras camináis por Oporto, es probable que vuestro camino se cruce con un tranvía. Los tranvías aparecieron en Oporto ya en el siglo XIX y entraron en servicio unos años antes que sus famosos homólogos de Lisboa, aunque hay que admitir que son menos visibles y no constituyen una atracción tan grande como estos últimos. Sin embargo, añaden a Oporto un encanto y un romanticismo maravillosos que, lamentablemente, han desaparecido de muchas otras ciudades europeas. 

Esta extraña ciudad es definitivamente uno de los últimos enclaves europeos de la bohemia artística. Es colorido, diverso y vibrante. Merece la pena perderse en ella durante al menos unos días.





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