Un viaje para conocer la arqueología subacuática de Puerto Deseado – Télam

El museo municipal Mario Brozoski, que exhibe casi 1.000 piezas de la corbeta inglesa HMS Swift, que naufragó en 1770 en la ría Deseado, en Puerto Deseado, se transformó en uno de los atractivos salientes de esa localidad santacruceña en la temporada de verano.

El museo cuenta con una colección del padre Molina que contiene 35 mil piezas de la cultura lítica, más de 4.000 pertenecientes al fuerte San Carlos y artefactos de piedra pertenecientes a las sociedades que vivieron en la Patagonia hace 12.000 años, entre ellas la de los Tehuelches.

Las piezas exhibidas permiten apreciar con claridad cómo era la vida a bordo de estas naves de guerra, donde las vajillas y otros enseres muestran una enorme diferencia en el estrato social de los tripulantes.

Los turistas logran ponerse en la piel de los arqueólogos subacuáticos y pueden desentrañar los misterios que guarda el fondo del mar

Mónica Quintomán

Los turistas que recorren este espacio, que fue creado en 1983, refuncionalizado en 1991 y ampliado en 2019 para preservar el patrimonio subacuático y terrestre de Santa Cruz, podrán observar objetos como botellas, vajillas y un reloj de arena, entre otros objetos. Además, podrán conocer algunas de las costumbres y modos de vida de los tripulantes de la Swift, donde los marineros debían comer y dormir hacinados en un mismo sector.

La subsecretaria de Turismo de Puerto Deseado, Mónica Quintomán, señaló que «a fines de 2019 se inauguraron las nuevas instalaciones, que implican una renovación en la forma de exhibir al público los elementos recuperados de la corbeta Swift». Quintomán dijo que «ahora todo se puede percibir a través de una narrativa moderna, interactiva y didáctica, que conmueve y sensibiliza desde diversos lenguajes».

El recorrido

La carta en la que el teniente Erasmus Gower da a conocer los detalles del hundimiento de la corbeta, reproducidas en una gigantografía, marca el inicio del recorrido por el museo.

La segunda sala reconstruye el interior del barco a través de la recuperación de detalles que dan cuenta del modo de vida en el que convivía un centenar de tripulantes.

Las posesiones recuperadas del capitán, de los marineros, de los artilleros, de los cocineros, aparecen en respectivos baúles, tal como solían guardarse durante los viajes. La subsecretaria de Turismo de Puerto Deseado afirmó que «llama la atención de los turistas las vajillas, teteras y botellas que se conservan y exponen en impecable estado de conservación».

La siguiente sala, que profundiza el desafío a los sentidos, cuenta con paneles lumínicos donde se proyecta el movimiento de las aguas, que en penumbra y con un sonido envolvente traslada las emociones al fondo del mar.

La cuarta sala, a la que se accede atravesando unas lianas que emulan a las algas submarinas, centra su contenido en los descubrimientos y en las repercusiones que tuvo en la sociedad de Puerto Deseado el descubrimiento de la corbeta hundida.

El recorrido culmina en una sala dedicada a la arqueología que remite al presente con un resumen de todo el recorrido del museo.

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